martes, 1 de abril de 2008

Desastre de casa

Hoy he estado blognavegando por ahí y me he llevado un buen puñado de sorpresas. ¡Existen blogs de casi todo en la blogsfera, señores! Cine, música (cienes y cienes de estos dos), literatura, reflexiones, los ypicomil blogs de pensamientos, de tecnología (¿cómo no?)... Pero hay uno que me ha sorprendido especialmente: Desastredecasa.com. Los que me conocen estoy segura de que no se extrañarán de mi interés por esta bitácora. Pero a mí me ha servido para darme cuenta de que no debo ser la única desastre en el hogar si existe un blog de ayuda a desastrados como yo.

Útil muy útil no sé si será este espacio de Internet. Quizás demasiado sobrio a mi entender y demasiado cargado de anuncios. Pero al menos me ha servido para reflexionar (algo, no demasiado) sobre esto del mantenimiento del domicilio propio. ¡Mi cruz!

Y es que, cuando trabajas entre diez y doce horas diarias como media, además tienes amigos con los que pretendes relacionarte, gestionas tres blogs, una página, un space, una cuenta de neurona, un avatar en Second Life, lees el correo electrónico diariamente, miras dos o tres series de televisión a la semana (a través de Internet, que ya sabéis que no tengo tele) y visitas a tus padres cuando juntas unos cuantos días, ¿me queréis explicar de dónde saca uno tiempo para tener las labores del hogar al día?

Yo no logro descifrarlo. Y al final me veo los domingos (cada dos a veces) con la escoba en la mano mirando a mi alrededor y odiando mi casa: toneladas de ropa por colocar, otra tonelada por lavar, lavadoras por tender, un sin fin de platos en el fregadero, pelos de gata por todas partes, papeles acumulados en las estanterías... ¿Y qué haces?

Pues recoger lo mayor. Al final en eso se suele quedar la limpieza dominguera, en recoger lo mayor. Porque como te pongas a fondo se te va el domingo y no has dormido, ni ido a la playa, ni visitado a los amigos... Y, es que, ¿qué es más importante, la casa o los amigos? Yo tengo muy clara la respuesta. Pero, aún así, las paredes se me caen encima en cuanto pasa un poco de tiempo y la recogida de lo mayor ha dejado de ser efectiva al par de días y vuelve a estar todo a manga por hombro.

¿Soluciones? Contratar una asistenta, comprar un lavavajillas y una secadora... Pero, claro, tampoco está la economía para eso. Al final, se acostumbra uno a vivir con "recoger lo mayor"... Se acostumbra hasta que, (¡oh, cielos!) viene visita. Entonces, señor, la cinta en el pelo, los pantalones cortos y zafarrancho de limpieza apresurada. Si es una amiga, al menos que no te mire con cara de "no cambiarás". Si es tu madre, con que no te deje sorda con los gritos, suficiente. Pero, si es un hombre, madre mía, entonces tiene que quedar la casa como los chorros del oro.

Y luego me pregunto, pero ¿para qué? ¿Si realmente te interesa ese hombre no será mejor que vea desde el primer día cómo te las gastas en casa? ¡Uff! Probablemente, sí, sería lo mejor. Pero en el fondo aún nos dominan los instintos sexistas y el pensamiento femenino de "ahora lo engaño un poco y luego ya lo educo"... Lo mejor es que, a veces, funciona y todo.

;-)

5 comentarios:

Silvio dijo...

Por ese motivo, yo todavía vivo con mi madre...
¡Saludos!

Silvio

Nineta dijo...

Me alegro de que en tu tour blogosférico, hayas tropezado con mi también humilde y caótica morada.

Yo creo que la clave está en trabajar unas horitas menos. Seguro que lo habías pensado también. Plantéalo a quien corresponda un día en que esté de buen humor, jejeje.

Besitos, súper woman!!!

Txemita dijo...

jajaja vaya desastre vane...de todas formas eso de trabajar diez o doce horas diarias, no se yo. dejalo en diez en el curro y dos en el txiki...

Vanessa Del Cristo dijo...

Joe txemita, no me descubras!!! jajajaja

Amidala Gainsbourg dijo...
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