jueves, 13 de marzo de 2008

La tiranía de la libre elección

Cuando era pequeña, el mejor profesor que he tenido me enseñó la diferencia entre libre elección y libre albedrío. Libre elección es que tú puedes escoger y, para escoger, tiene que haber opciones, una serie de opciones entre las que seleccionar una. Puedes hacer A, B o C. Pero, no puedes hacer D, porque D no existe en tu abanico de elección.

El libre albedrío, sin embargo, funciona no por la razón o las pautas, el libre albedrío es visceral, surge de las tripas, del deseo, de los apetitos. El libre albedrío puede surgir de la enajenación, de la obcecación, de lo irracional o lo inconsciente. El libre albedrío es el camino que se puede tomar a ciegas y sin condicionamientos, sin barreras, sin pautas. El libre albedrío no tiene nada que ver con la moral, ni con la religión, ni con la razón, ni con la lucidez o la cordura. Es la máxima expresión de la libertad.

Con el libre albedrío uno puede encontrarse ante un cruce de cuatro caminos y, sin impedimento alguno, decidir no caminar por ninguno de ellos, decidir quedarse sentado en el suelo, andar campo a través, salir volando por encima de todos los caminos o, incluso, trazar un comino propio que recorra todos los anteriores o ninguno.

El libre albedrío, me dijo mi profesor, no existe realmente. Sólo existe la libre elección. Tu coche puede ser rojo, negro, amarillo, azul, verde, plateado, turquesa, esmeralda... Pero no puede ser multicolor, ni puede ser rosa chicle con puntitos blancos, ni puede, simplemente, no tener color. Porque no se fabrican así. Sólo se fabrican en rojo, negro, amarillo, azul, verde, plateado, turquesa o esmeralda.

Tu nueva casa sólo puede ser de una, dos, tres o cuatro habitaciones, con las paredes en blanco, con o sin gotelé, o en verde, o en rojo, o en amarillo. Con terraza o sin terraza, con uno, dos o tres baños. Con plaza de garaje o sin ella. Con o sin patio. Pero tu casa no puede ser una esfera de cristal transparente suspendida a 9.000 metros de altura, ni un castillo de diamantes sobre un mar de nubes, ni un palacio de madera sobre un árbol de 50 metros de altura. Porque no se fabrican.

Del mismo modo, puedes votar al PSOE o al PP, o bien puedes hacerlo a Los Verdes, a Izquierda Unida, a CiU, a Coalición Canaria... Pero, no puedes votar a tu vecino el del quinto para que sea presidente del gobierno. Porque no se presenta. Porque no hay libre albedrío. Porque el ser humano, diga lo que diga dios, no tiene libre albedrío. Tan sólo la conformista y miserable libre elección.

1 comentario:

Gouken dijo...

Joder, genial reflexión, me ha encantado.

Nada más que decir.