lunes, 3 de marzo de 2008

Habemus miss

Pues nada, ya tenemos reina de la belleza para 2008. Y de mi tierra. La chicharrera Patricia Yurena Rodríguez fue coronada anoche como la mujer más guapa de España para lo que resta del año. No voy a negar que me alegro de que sea una niña de mi tierra la que tenga el privilegio de llevar la corona de la belleza de este año. Pero, aunque trate de alejarme del tópico, no puedo evitar pensar en lo que le espera a la pobrecilla.

No soy de los que opinan, de un modo simplón y demagógico, que los concursos de belleza degradan a la mujer. No, en eso no estoy de acuerdo. Un concurso de belleza, visto en abstracto y sin otras connotaciones, es para mí un concurso sobre cualidades como puede serlo cualquier otro. ¿Es la belleza una cualidad admirable? Pues sí, considero que lo es. Se nace con ella, es cierto, pero igual que se nace con inteligencia, con habilidad para las letras, la música o la pintura, o igual que se nace con predisposición al deporte. Son cualidades innatas de quienes las poseen y ninguna de ellas florece si no se cultivan y se tratan con cariño.

Otra cosa es lo que rodea al mundo de la belleza. Ahí si que puedo poner unos cuantos peros. Para poner un ejemplo, hace a penas unas semanas se celebraba la gala de elección de la Reina del Carnaval 2008 de Las Palmas de Gran Canaria. Había niñas de todas las edades, colores y formas. Unas guapísimas, otras más normalitas, unas muy altas, otras bajitas. Había hasta una niña en silla de ruedas y una chica transexual. Es lo que podría decirse un concurso bastante abierto, sobre todo teniendo en cuenta que no es la belleza lo que se valora en él como principal valor, sino una combinación entre la belleza de la candidata, la del traje que luce, la del tema del mismo y la gracia con que se luce.

Sin embargo, también en éste, ganó la más guapa. No es lo habitual, pero en esta ocasión ocurrió. No voy a extenderme contando todo lo que ha traído de polémica este premio porque, en realidad, tampoco es el tema en el que quiero centrarme. Sino en esa chica, la más guapa, la que ganó, Yraya Viera. Una chica muy bella, con unas piernas interminable y un cuerpo de escándalo. Según aseguran muchos de los que la conocen -esta ciudad es muy chica para mantener cierto tipo de secretos cuando uno sale a luz pública-, su verdadera edad es 28 años. Sin embargo, ella y el equipo que la rodea se han encargado de decir en todos sitios que su verdadera edad es de 21 añitos.

¿Por qué? ¿Pura vanidad de la muchacha? Yo no lo creo. Más bien tiendo a pensar que una muchacha de 28 años tiene ya pocas posibilidades de abrirse un hueco en el mundo de la moda y el espectáculo. Da igual que tenga unas piernas infinitas, una cara de escándalo o un cuerpo de vértigo. Los productores no se van a arriesgar a que su promesa quede en menos de dos años cruzada por las patas de gallo. Y eso que hoy por hoy existe el botox...

Eso sí me parece despreciable, discriminatorio, humillante... Una mujer no deja de ser bella a los 30, ni a los 40. La belleza hay que cultivarla y cuidarla, sí, como cualquier otra cualidad humana. Pero no tiene por qué desaparecer, ni siquiera con las primeras arrugas. La belleza también puede ser bella aunque arrugada, también puede ser bella siendo madura y también puede levantar tantas o más pasiones que cuando se exhibía sobre una tersa piel de melocotón.

Por eso sí detesto los concursos de belleza. Porque tienen límite de edad, porque hablan de una belleza efímera y cruel que ata a quienes la poseen a una eterna lucha contra el tiempo. Porque esclaviza a una imagen que no se puede, ni es sano, ni se debe mantener más allá del tiempo en que le toca vivir. Y por eso el botox, y la cirugía, y el láser, y los kilos de maquillaje, y los llantos frente al espejo...

Por eso todo mi ánimo a la joven Patricia Yurena, porque pronto dejara de ser joven y puede que vea como la sonrisa de hoy se convierte en la obsesión de mañana, en la tiranía de los representantes de mañana, en la injusticia de los objetivos del mañana. Todo mi ánimo y toda mi esperanza también en que no caiga en el agujero negro en el que puede convertirse su camino si su educación no ha logrado amueblar con buenas armas de autoestima y orgullo el cerebro que mora detrás de su preciosa cara.

*Foto 1 : SEIXAS / EFE
*Foto 2: Juan Carlos Guerra / EFE

5 comentarios:

Johnny Salomon dijo...

Adivina a quien vote. Jajajaja. Y estoy contigo en lo de las misses. La verdad es que degrada bastante a la mujer como si fuera un objeto. Al igual que la elección de mister degrada al hombre. ¿Qué se puede ver desde otra perspectiva? Puede ser. Lo que es indiscutible que vivimos en esta verbena todos. Y como el tema es muy largo, no me quiero alargar que luego pasa lo que pasa, que me quedo sin tinta y sin papel. Muchos obesitos.

Ana Grim dijo...

Lo siento, yo no estoy para nada de acuerdo con los concursos de belleza. Centrarlo en lo que lo rodea...¡es lo mismo! Y me da igual para hombres que para mujeres. Tú misma en tu último párrafo pareces contradecir el argumento del principio. Por cierto, la chica es guapísima. Me parece divertidísimo las fotos que has puesto de los políticos.
Besitos.

Ana Grim dijo...

¿Tienes alguna idea de por qué debajo de mis comentarios sale un cubo de basuras?¿me quiero mandar a la mierda yo misma? Me pasa lo mismo en otros blogs.
Te he contestado en mi blog a tu último comentario.
Bisus

Napoleón Baroque dijo...

Todas mis reverencias, reina.
Suspiro por tí.

Amidala Gainsbourg dijo...
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